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Frantz Fanon

Imaginación política radical y pedagogía anticolonial en Frantz Fanon

07.11.2022

por danie valencia sepúlveda

Nuestra lucha por la aceleración del fin del mundo tal como lo conocemos incluirá una programación ejecutada desde nociones contrapedagógicas. Contemplará, la imaginación como un campo estratégico de destrucción, resignificación e invención situado desde nuestra lucha de baja intensidad y escala micropolítica.

Acercamientos e imposibilidades

Todo principio de ausencia1 produce invisibilidad, porque aquello que está, existe pero no es nombrado ni reconocido por su condición de existente: es condenado a su desaparición. Por otro lado, todo proyecto colonial operará siempre desde la lógica de la obliteración, y esta, en tanto su capacidad estructural y estructurante, es resultante de los pilares onto-epistemológicos del mundo ordenado tal como Denise Ferreira da Silva lo postula2.

Cuando conocí el trabajo de Frantz Fanon estaba aún en la universidad cursando la carrera de Antropología a principios del 2000. No fue dentro del programa ni mucho menos por parte de alguno de los profesores sino por fuera y a través de una red de pensadoras y militantes del antirracismo, las pedagogías radicales y los feminismos negros e indígenas con perspectiva anticolonial, en tensión con una profunda inmersión racista impuesta en estos territorios, sostenida y difundida por las escuelas norteamericana e inglesa, la pedagogización del extractivismo vehiculizada bajo el paradigma que la humanidad sostiene, el cual podemos identificar hoy en día gracias al trabajo de Fanon: el hombre [blanco] cis-heterosexual y europeo que parte del vacío como principio ordenador de la materialidad que posteriormente será elaborada a través del saqueo onto-epistemológico, la invención, normalización de la cosificación e intrumentalización del otro.

Al profesor Frantz Fanon se le podrá conocer por múltiples razones: por su papel como revolucionario dentro del movimiento anticolonial independentista en Argelia, siendo parte del Frente de Liberación Nacional argelino; por su rol como psiquiatra y pensador sobre los efectos psíquicos y emocionales del colonialismo en los sujetos colonizados; por su incisivo análisis en torno a la libertad y sus delirios, el cual abarca la alienación como tecnología de captura dentro del colonialismo; así como por su gran influencia en proyectos de pedagogía crítica y libertaria, la teoría política y social, los estudios literarios, en la filosofía y los estudios culturales.

A los 25 años, Fanon se enfrentó con el racismo estructural de la academia, el colonialismo y la censura cuando escribió Piel Negra, Máscaras Blancas; la que sería su tesis doctoral en psiquiatría y que fue rechazada por el consejo de aprobación. Esta terminaría siendo una de sus obras más conocidas después de que los estudios poscoloniales, decoloniales y anticoloniales enfatizaron su análisis sobre el racismo como estructura y estructurante del mundo que habitamos a partir de la división del mundo y la animalización de lo que desde la blanquitud colonial fue marcado como no-humano.

El énfasis que Fanon puso en transformar las vidas de los condenados por las instituciones coloniales y racistas del proyecto moderno se puede identificar a lo largo de su trayectoria, ya sea en sus escritos clínicos, en sus ensayos políticos o sus tratados revolucionarios.

Hay en el pensamiento de Fanon toda la potencia de atrincheramiento de imaginarios radicales que se colocan desde la necesidad de construcción de otros mundos cuyo horizonte se traza desde la ética y la fuerza vital, desde el compromiso con la experiencia vivida y la importancia de cuestionar el legado que la propia colonialidad sostiene en nuestros cuerpos, sueños y territorios, cuyos efectos se materializan en las venas de los proyectos de los Estados-Nación: políticas migratorias, políticas de restricción a los derechos de salud y vivienda, proyectos de extracción y privatización de territorios indígenas, etc. Ante ello, Fanon construyó toda una propuesta ético-política para el fin de este mundo.

Denilson Baniwa: "Re-Antropofagia" (2018). Cortesía: Denilson Baniwa.

Un cambio de ruta dentro del mundo ordenado, la infección en la grieta que se abre sobre la línea de lo Humano, el valor y privilegios que esto trae consigo (en mayúscula), así como el concepto biologicista sobre la raza, la cuestión de la racialidad y los efectos de la racialización bajo esta misma experiencia de mundo que habitamos son situaciones que Fanon se dedica a reflexionar. Sin embargo, la aportación que su trabajo hace para el desmantelamiento del mundo ordenado no se limita a la comprensión de la colonialidad en su aspecto económico e interdependiente, sino que además denuncia las distintas formas de subjetivación en su amplio sentido, tomando así uno de los espacios que la violencia en sus formas total y parcial han disputado a lo largo de siglos: la salud mental o bien la administración del malestar psíquico en el Sur global.

El colonizador no solo se apodera de la tierra, sus componentes delimitados como recursos y las posibilidades de acumulación que de ella inventa sino además de nuestros cuerpos y nuestros sueños, monopolizando, igualmente, las formas de imaginar, entender y relacionarnos con el mundo, permitiendo que toda interacción sea atravesada una y otra vez por la herida inflingida por el propio Señor. Es aquí que tenemos la oportunidad de invertir la historia negada a partir de la ausencia como principio.

«Provocar un estallido del mundo colonial será, en lo sucesivo, una imagen de acción muy clara, muy comprensible y capaz de ser asumida por cada uno de los individuos que constituyen el pueblo colonizado. Dislocar al mundo colonial no significa que después de la abolición de las fronteras se arreglará la comunicación entre las dos zonas, destruir el mundo colonial es, ni más ni menos, abolir una zona, enterrarla en lo más profundo de la tierra o expulsarla del territorio».

Frantz Fanon (1963).

¿Y sí apostáramos por la aceleración del fin de este mundo a partir del programa que reconoce las formas en las que la violencia se administra, suponiendo que no existe un reordenamiento amable, cortés y mucho menos pacífico (porque además de todo, la paz siempre será un principio blanco) en la restitución de la dignidad, y la posibilidad de asumir la humanidad que ha sido anulada para distintas poblaciones no-blancas-no-europeas, así como la recuperación del valor total sobre la extracción de las tierras nativas3?

Gê Viana: De la serie "Atualizações traumáticas de Debret" [Actualizaciones traumáticas de Debret] - "Homens cultivam plantas e cogumelos em sua moradia. Com o forte cheiro das plantas em torno passarinhos se aproximam tentando aproveitar do licor das flores" [Hombres cultivan plantas y hongos en su casa. Con el fuerte olor de las plantas alrededor, los pájaros se acercan a ellos intentando disfrutar del licor de las flores] (2020). Cortesía: Gê Viana.

Para un programa fanoniano hacia la figuración del fin del mundo tal como lo conocemos

«[…] hay gente hablando mucho sobre el fin del mundo
¿cuál fin del mundo es ese?
¿qué carajo mundo es ese que se está acabando?
Yo estoy viviendo el fin de mi mundo ¿no? el mundo en el cual fui criada,
ese mundo occidental, ¿y cómo sobrevivir a éste donde la muerte, la mía, la de un cuerpo negro testiculado y femenino está programada? Está incluida en la agenda.
Para que este mundo continúe existiendo es necesario que yo muera. Personas bixas4 deben morir, personas travestis deben morir, personas indígenas deben morir, personas negras deben morir para que este mundo sobreviva.
Yo no quiero que este mundo sobreviva.
Yo no quiero que este mundo occidental sobreviva, yo quiero que éste llegue a su fin.
Y mira, sinceramente todo cuerpo siente el fin del mundo.»

Castiel Vitorino Brasileiro. quando encontro vocês, macumbas de travesti, feitiços de bixa5

El fin del mundo tal como lo conocemos —el final de la gestión y la gobernabilidad a partir de la extracción, el saqueo, el desplazamiento y la muerte de todos los seres vivos en este planeta, es decir, el colapso total del proyecto civilizatorio impulsado por Occidente—, hace necesario reconocer que la figuración que supone “el fin”, en términos lineales, se ha experimentado desde hace décadas a lo largo de nuestros territorios-ex-colonia del Sur global. Específicamente entre las comunidades de resistencia anticolonial que luchan por la autonomía de sus territorios, con los cuales se lucran los mismos proyectos de Estado mencionados anteriormente. Dicho lucro funciona a su vez para generar privilegios y comodidades para las grandes ciudades y centros capitalísticos aferrados a reproducir el paradigma de vida sobre la línea de lo humano6.

Siguiendo a Fanon, nuestra lucha por la aceleración del fin del mundo tal como lo conocemos incluirá una programación ejecutada desde nociones contrapedagógicas7. Contemplará, además, la imaginación como un campo estratégico de destrucción, resignificación e invención situado desde nuestra lucha de baja intensidad y escala micropolítica. Será, por lo tanto, una propuesta de programa comprometida con las cuatro negaciones enunciadas por el colectivo Gesturing Towards Decolonial Futures (GTDF):

la negación de la violencia sistémica, histórica y actual y de la complicidad en el daño (el hecho de que nuestras comodidades, seguridades y disfrutes estén subvencionados por la expropiación y explotación en otro lugar);

la negación de los límites del planeta y de la insostenibilidad de la modernidad-colonialidad (el hecho de que el metabolismo-tierra finito no puede sostener indefinidamente el crecimiento exponencial, el consumo, la extracción, la explotación y la expropiación);

la negación del enredo (nuestra insistencia en vernos a nosotres mismes como separades unes de otres y de la Tierra, en lugar de “enredades” dentro de un metabolismo vivo más amplio que es biointeligente); y,

la negación de la magnitud y la complejidad de los problemas que debemos enfrentar juntes (la tendencia a buscar soluciones simplistas que nos hagan sentir y lucir bien y que puedan abordar los síntomas, pero no las causas profundas de nuestra compleja situación colectiva).

Para el GTDF, estas cuatro negaciones funcionan como restrictores para sentir, relacionar e imaginar lo contrario a la socialización dentro de la modernidad-colonialidad (o bien, como Suely Rolnik lo propone, para quienes estamos dentro de la fábrica del inconsciente-colonial-racializante-capitalístico). Así, para la elaboración de un programa que nos permita proyectar las figuraciones sobre el fin del mundo tal como lo conocemos, habrá que alejarse de imaginarios capturados por la supremacía blanca y las tecnologías de la blanquitud que nos bombardean con imágenes hollywoodenses a lo Mad Max. Habrá que rehusarse a pensar en futuros de cuerpos desmembrados que se sostienen gracias a prótesis mecánicas, así como habitar el letargo de la expropiación, la escasez, el desplazamiento y el monopolio inmobiliario que los Estados-Nación promueven. Porque el futuro en su máxima expresión precaria ya está ocurriendo; porque la insostenibilidad de nuestra integridad corporal hace parte de nuestras formas de narrarnos, habitarnos y encontrarnos desde el día a día que nos moviliza por la ansiedad, la depresión y la neurosis.

¿Cómo romper con la lógica violenta instaurada por la Humanidad? ¿De qué forma podemos hacer del encuentro un programa de renuncia colectiva a las lógicas de la plantación? ¿Hacia qué estrategias colectivas podemos convocarnos para la emancipación de lo que llamamos “malestar psíquico”? ¿Cómo rompemos con el pacto y mandato de la Humanidad como forma única posible de mundo si nos permitimos seguir habitando el cautiverio pos-colonial?

El despliegue del programa por el fin del mundo tal como lo conocemos pasará, de forma estricta, por los gestos de recuperar el valor total que la explotación, tanto del trabajo de cuerpos racializados como de los territorios que al día de hoy son ocupados por los grandes proyectos extractivos de la legalidad en tanto máxima expresión de la materialidad jurídica de estos mismos proyectos. El enredo, el desorden y la imposibilidad de atravesar el cautiverio como elementos activadores de la potencia total de la capacidad de imaginación colectiva, serán principios poético-políticos de dicho programa. Por lo tanto, el programa para el fin del mundo tal como lo conocemos es una descolonización siempre combativa.

Invertir el orden de lo dado

«Cada generación, dentro de una relativa opacidad,
tiene que descubrir su misión, cumplirla o traicionarla».

Frantz Fanon.

Introducimos la invención a la existencia o hacemos un llamado a la redistribución de la violencia8, cualquiera de los dos ejercicios nos convoca a la acción micropolítica, de tal forma que estamos destinades a encontrarnos. Fanon continuamente apelaba al encuentro como un acto subversivo, aún más en estos tiempos; el encuentro para la conspiración, la imaginación y el sueño colectivo porque incluso romper el pacto que la Humanidad impone debe ser, antes que todo, un trayecto donde las necesidades de lo colectivo funcionen como impulso y horizonte ético-político.

Entonces nos encontramos aquí ante la posibilidad de habitar el desorden que la ruptura colonial ha producido, estamos frente a la oportunidad de seguir construyendo y apostando a las políticas de la indigestión como una posibilidad de resistencia a la captura y fuga a los delirios de la individualidad; hemos construido la posibilidad de habitar la opacidad como táctica de sobrevivencia. En Piel negra, máscaras blancas, aprendemos de Fanon que renunciar a la Humanidad que Occidente constituye es también renunciar a las lógicas que la propia ciudadanía progresista promueve en las grandes ciudades del capital egóico. Renunciar a la Humanidad como paradigma de la modernidad-colonialidad nos permite dejar de habitar el cautiverio de la salud mental y la subjetivación de la píldora, las inyecciones y la ideologización administrada vía cutánea.

Gê Viana: De la serie "Atualizações traumáticas de Debret" [Actualizaciones traumáticas de Debret] - "Sentem para jantar" [Siéntese a cenar] (2021). Cortesía: Gê Viana.

Dar el giro de 180 grados para rechazar, desprendernos y cuestionar lo que han hecho de nuestros cuerpos a partir de los marcadores de raza, clase, género y la encapsulación del territorio para consumo blanco. El pensamiento de Fanon permite diluir los efectos que las categorías antes mencionadas producen a nivel de la materialidad jurídica del mundo tal como lo conocemos. Desaprender, des-entender y des-saber lo que se nos ha dado y administrado por verdadero, des-ver, des-sentir aquello que se nos ha impuesto desde el régimen estético del exterminio.

Para Fanon, la liberación es el fin del sistema colonial bajo los propios términos culturales, sociales y lingüísticos del colono. ¿Cómo subvertimos la libertad cuando esta se encuentra ya capturada en un entramado de sentido elaborado por el propio CIStema capitalista-colonial y necropolítico? ¿Cómo desvincular la noción de ‘libertad’ de los preceptos individuales para transferirlos a las necesidades del colectivo? ¿Cómo nos liberamos de la Humanidad en tanto estructura estratificante y fábrica de vidas residuales?

Ventura Profana: S/T. Collage. Cortesía: Ventura Profana.

¿Qué pasaría si continuamos con nuestro proyecto político de baja intensidad para el desmantelamiento de este mundo? ¿Qué ocurriría si nos oponemos a la institucionalización de los saberes, los haceres y los sentires? ¿Qué efectos traería consigo asumir que la única forma posible de detener la micropolítica es permitiéndonos que este mundo termine de morir?

Revisar a Fanon hoy no es una propuesta al abandono por el abandono, sino el intento de provocar la revisión de la genealogía en torno a la ‘Humanidad’, sus causas y efectos a lo largo de estos siglos y con una puntual relación trazada desde la zona-del-no-ser desde la cual se ha construido nuestra noción de liberación/libertad en cualquiera de las esferas desde las que de forma pulsional construimos mundos.