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Labo Ciudadano

Un patio de juegos contra la opresión

01.10.2022

por Gracia Salazar

y Eduardo Burger

Accionado por Eduardo Burger, Gracia Salazar, Seymar Liscano, Andreína González y Rogmy Armas, el Labo Ciudadano (Caracas, Venezuela, 2017) es un laboratorio de innovación social que codiseña experiencias de acción colectiva no-violenta. Atendiendo el deseo de una realidad distinta, su trabajo es un continuo ejercicio de experimentación y acción donde a partir del encuentro en torno a la escucha y la reflexión, se busca la agitación cultural para ejercer la solidaridad, suscitar vínculos de confianza y afecto que aviven el tejido social en el contexto de opresión y violencia de la Emergencia Humanitaria Compleja que habitan.

"Nos faltan 5". Protesta frente al Ministerio Público por la liberación de 5 activistas de la organización Azul Positivo. Caracas, febrero 2021. Foto: Sergio González. Cortesía: Labo Ciudadano.

Educación

Formación

Nacimos de la protesta en las calles de la Caracas y la Venezuela de mayo de 2017. Somos un grupo de ciudadanxs diversxs que nos conocimos en el asfalto durante ese largo ciclo de protestas. En ese momento fuimos un espacio de acción y reflexión en torno a la protesta no-violenta: un espacio de encuentro ciudadano para aprender sobre no-violencia y generar tácticas que permitieran a la ciudadanía elevar la voz por sus derechos de forma creativa, innovadora y segura para quienes se manifestaban.

Todo comenzó con un par de encuentros en la querida librería Lugar Común, ahora inexistente, que albergó nuestros talleres sobre protesta no-violenta organizados por Cheo Carvajal y Jaime Cruz con María Teresa Urreiztieta como invitada. Nos reunimos un montón de gente buscando alguna alternativa para las protestas que cada vez eran más violentas por la represión del gobierno y la policía. Buscábamos habitar la calle de la protesta como sujetos, no como objetos instrumentalizados por partidos políticos y más allá de la idea de lanzar molotovs y arriesgarnos a morir.

Comenzamos entonces a reunirnos cada jueves para pensar tácticas de protesta no-violenta. Confluimos grupos como Las Piloneras y Dale Letra, y de ahí surgieron otros como El BusTV. Se iban juntando las ideas de unxs con los comentarios de otrxs, e iban surgiendo nuevas propuestas y nuevos grupos. Había mucho ánimo y esperanza de cambio.

Después de que la represión y la instauración de la Asamblea Nacional Constituyente enfriaron las calles para acabar con el primer ciclo de protestas, un grupo de nosotrxs aprovechó la pausa para pensar la protesta no-violenta desde una dimensión estratégica con el fin de activarla de otras formas. Así es como surgió el Laboratorio Ciudadano de Protesta No-violenta, nombrado posteriormente Laboratorio Ciudadano de No-violencia Activa o Labo Ciudadano.

Enseñanza

Tras lo vivido, reconocimos que el resultado más importante del ejercicio de la no-violencia son sus efectos en el tejido social: las relaciones sociales transformadas, despolarizadas, desfragmentadas. Si bien al principio lo principal era la protesta, la táctica, todo eso ocurría desde la lógica del encuentro y la experimentación. Por ello fuimos prendiendo conversas para conocer a la gente de las organizaciones vecinales y a la gente del movimiento de defensores de derechos humanos (un mundo muy vasto que no conocíamos).

Así fuimos ampliando poco a poco esas relaciones del ecosistema social hasta transformarnos, a partir de esos diálogos, en lo que somos hoy: un laboratorio de innovación social que co-diseña experiencias de acción colectiva. Es decir, organizamos espacios de encuentro, acciones culturales, talleres, movilizaciones y conversaciones que giran en torno a derechos humanos y política no hegemónica.

Nuestro objetivo es conectar y agitar a personas diversas para ocupar el espacio cívico de formas alternativas. Ante la violencia estructural y la fragmentación social, insistimos en la agitación cultural para ejercer la solidaridad, suscitar vínculos de confianza y afecto que aviven el tejido social en un contexto de opresión.

Como Laboratorio, nuestras prácticas educativas están centradas en la experimentación: probamos una idea en un sabroso proceso donde el error es bienvenido y a veces hasta deseado. A partir del mismo es que aprendemos e innovamos en el siguiente experimento formando cuerpo y herramientas.

Por ejemplo, en el Labo tenemos un dispositivo llamado ‘La Perolera’, una batucada formada por instrumentos musicales fabricados con materiales de desecho, con la que acompañábamos con cánticos las manifestaciones de calle y a la que cualquier persona podía integrarse. Fue en la calle que entendimos el impacto de La Perolera: las posibilidades que ofrecen la música y el goce para la protesta no-violenta, cómo pueden cambiar las energías y los ánimos de una manifestación colectiva y servir de cauce para alzar las voces desde la alegría rebelde.

Cuando concebimos la educación desde la experimentación, las posibilidades se abren: puede ser una práctica artística en sí misma, puede ser lúdica, puede ser una fiesta o una protesta. Las claves y los aprendizajes surgen del proceso de reflexión que se genera después de cada experimento, nutriendo las próximas iteraciones o los nuevos experimentos.

De nuestros dispositivos, el que más nos ha llevado a reflexionar en torno a la pedagogía y las prácticas artísticas es ‘El Parasistema’: un espacio formativo que organizamos junto a PROVEA (Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos). Se trata de un ciclo de talleres prácticos para la elaboración de artefactos creativos que permitan hacer catarsis y canalizar el malestar a través de dinámicas individuales y colectivas de expresión creativa. Como su nombre lo sugiere, forma parte de una estrategia de otra forma de educación, a través de mecanismos alternativos de aprendizaje, que se sale de las formas tradicionales y estructurales de la pedagogía.

En la primera edición, vimos el potencial que tiene este dispositivo para catalizar procesos de intercambio que conecten territorios, diásporas, artistas y activistas. Ampliamos la superficie de contacto, conectamos con personas que están movidas pero quizás no movilizadas todavía, compartimos herramientas para desencadenar conversaciones, procesos creativos y otros tipos de movilización y avanzamos en una búsqueda que es constante para nosotrxs: que el arte contamine los espacios del activismo, y viceversa.

Aprendizaje

Trabajamos en un marco de innovación social poniendo en práctica principios de metodología ágil y el diseño centrado en las personas. Es decir: nos valemos del encuentro, el ensayo y error, la escucha, la observación y la experimentación para generar nuevos procesos e incidir en procesos existentes. Nos alimenta el deseo, la fiesta, el placer, la belleza, el territorio de lo sensible. Nos nutrimos de las búsquedas estéticas y los referentes de nuestrxs integrantes, de las conversaciones que propiciamos. Nos nutrimos, básicamente, del vínculo. En ese sentido, resonamos con personas y colectivos provenientes de diversos caminos.

Buscamos ser un espacio mediador, un espacio de encuentro, un patio de juegos en el que puedan coincidir, conocerse y vincularse esta diversidad de personas y colectivos. Hemos aprendido que previo a los vínculos de trabajo y acción conjunta, están los vínculos de confianza y cariño.

Aunque la formación de quienes hacemos parte del Labo viene de las Humanidades, nuestras diferencias son la fuerza que nos permiten interpretar realidades, abordar problemas y proponer soluciones desde una variedad de visiones, buscando matices y lecturas que vienen de nuestras distintas sensibilidades.

"Pedal y papel de la utopía feminista". Rodada y pegada de carteles en la calle. Caracas, febrero 2022. Foto: Paola Marín. Cortesía: Labo Ciudadano.

Procesos

Inicios

La escucha y la resonancia juegan un papel esencial en el surgimiento de nuevas ideas, inquietudes y tanteos. Estas surgen de una necesidad de movilizarse, de alzar la voz ligada a la indignación o el deseo en relación a la necesidad de cambiar algo, encontrar soluciones a problemas o proponer una alternativa a una situación indeseada. También está la intuición, corazonada lenta que requiere mucha conversa y rebote de ideas para que surjan otras.

Cuestionamientos

En una charla sobre poesía guiada por Yolanda Pantin con jóvenes poetas, alguien habló del ensayo y error como parte de su proceso creativo. Yolanda dijo que no utilizaría la palabra “error”, que prefería hablar de “tanteos”. A nosotrxs nos gusta tantear y también errar: seguir la intuición o la escucha hacia un lugar que nunca será definitivo, sin preconcepciones de cómo o cuándo exactamente deba ser el lugar de llegada. El error nos permite reconocer ajustes a realizar en la siguiente iteración. También nos gusta hablar de derivas: transitar y estar presentes sin un fin establecido.

Al tratarse de un laboratorio, la base de nuestro trabajo es la experimentación: se busca llegar a lugares y conexiones inesperadas, conducir a la oportunidad de errar. Por lo tanto la duda, el error y la intuición forman parte fundamental de nuestros procesos.

Al principio dichos procesos eran pensados como espacios abiertos, donde convocábamos libremente a quien se quisiera sumar. A partir de octubre de 2017 comenzó la fase de trabajo de núcleo dentro del Labo donde pusimos en práctica los dispositivos que íbamos imaginando. Es en ese segundo ciclo donde surgen lo que llamamos nuestros corotos: dispositivos para generar acción, tejido y contenido a través de una estructura un poco más definida. Ahora creemos que estamos en una tercera fase donde, ya teniendo esa estructura, comenzamos a re-abrirnos para volver a experimentar, para imaginar nuevos procesos a partir de los espacios de encuentro y los vínculos de confianza que hemos ido y vamos generando.

Estrategias

Participamos colectivamente en los espacios de reflexión, conversación, imaginación y concepción de ideas y dispositivos. En estos espacios cada persona aporta su visión singular, construida desde su individualidad. Esta subjetividad es esencial para los procesos mencionados pues permite que podamos interpretar realidades, abordar problemas y proponer soluciones desde una variedad de visiones, buscando matices y lecturas que vienen de distintas sensibilidades.

Nuestros procesos se dividen en dos grandes momentos: el de la divergencia, en el que todas las ideas son válidas y todos los puntos de vista nutren el proceso; y el de la convergencia, en el que buscamos definir, aterrizar y concretar.

Procedimientos

Abordamos nuestras problemáticas e inquietudes desde el pensamiento de diseño, teniendo a las personas como centro del enfoque para las fases de elaboración en un proyecto. Concretamente, empleamos una metodología ágil para el desarrollo de cada proyecto, mediante el trabajo con scrums1 y sprints2. Dentro de ese marco metodológico, la escucha y la observación son esenciales para desarrollar cualquier idea o proyecto.

Diálogos

A veces nos llaman, otras veces llamamos a la gente. Ante todo el Labo es un espacio de encuentro donde nos gusta prender conversas, juntarnos con gente, escuchar y reflexionar para mirar desde la confianza el lado B de las cosas. A veces las ideas vienen de adentro y entonces llamamos a otrxs para hacer juntxs, otras veces las inquietudes vienen de afuera y nos buscan para laboratorizar esa inquietud.

Obras

En proceso

“Venezuela se arregló” dice una frase que nos inquieta mientras la apabullante gentrificación inunda el país como maquillaje lujoso que busca cubrir la violación sistemática de los derechos humanos a la par de que el estado se apropia del lenguaje asociado a los mismos como parte de su régimen.

Ante ello toca explorar e indagar entre nuestros duelos maltrechos y placeres amenazados para favorecer la circulación del deseo.

Queremos poner a disposición nuestro patio de juegos para dar bienvenida a gente inquieta con ganas de inventar más dispositivos, laboratorios, mesas de experimentación y acción. Mientras tanto, seguimos cocinando nuestros parasistemas y dispositivos, seguimos caminando con otrxs y codiseñando intervenciones, respuestas, proyectos; experimentos.

Recordemos que una de las condiciones determinantes de la Emergencia Humanitaria Compleja es que una crisis humanitaria es generada por quienes ejercen el poder, bien por acción, por omisión o por incapacidad. En el caso venezolano, el Estado es una estructura vacía que no quiere y no puede atender las necesidades de las personas. De esta manera, pierde sentido dirigir la acción del activismo única y centralmente a exigir al Estado que se aboque a cubrir las necesidades de la ciudadanía, pues este se dedicará a administrar las respuestas a dichas demandas solo en la medida en que conviene a su política de precariedad, una que nos acostumbra a vivir sin garantías.

Pareciera surgir entonces la necesidad de que, en la medida de lo posible, las acciones, iniciativas e inquietudes se muevan hacia la construcción en conjunto de narrativas y soluciones ciudadanas a los retos públicos. Como parte de las acciones sistemáticas con las que el Estado ataca la dignidad de las personas, se violentan elementos asociados a la memoria en un doble movimiento. En un primer plano, se polariza a la ciudadanía en torno a las distintas prácticas y elementos con las cuales suele construir su identidad; mientras que, por otro lado, se instaura la noción de una memoria precaria, de una sociedad que no puede ofrecerse garantías en el tiempo. Así, se lesiona el tejido social al promover la desvinculación afectiva, normalizar los patrones de agresión y dividir a la sociedad a partir de lo que tiene o no por memorable, en vez de promover espacio donde puedan ejercerse y explorarse memorias compartidas. Todo ello, mientras se desatiende las necesidades básicas. Es decir, se ataca al ser al administrar la precariedad, tanto física como psicológica.

Como respuesta a estos aprendizajes, hemos dirigido nuevamente nuestro hacer hacia la fase de laboratorio, hacia la construcción de mesas de experimentación y acción. Queremos retomar con más fuerza el empleo de la fiesta y de la alegría rebelde, no para la evasión sino como una forma de resistencia, de provocar asociaciones, es decir, conexiones como espacio para el intercambio y el fortalecimiento del tejido ciudadano autónomo, animado en un horizonte más allá de la amenaza, a construir, a enarbolar, a tomar la iniciativa. Es en este sentido que para el segundo semestre de este año preparamos una tercera edición de nuestro dispositivo El Parasistema el cual tendrá la memoria como centro de sus reflexiones y experimentos.

Experimentos de no-violencia durante la crisis desatada por el intento de entrada de ayuda humanitaria en la frontera con Colombia. Caracas, febrero 2019. Foto: Ana María Ramírez Yanes. Cortesía: Labo Ciudadano.

En perspectiva

Al pensar en 2018 distinguimos dos momentos que significaron un aprendizaje importante para nosotrxs: un momento de muchas frustraciones (que iban de la mano de las frustraciones que vivíamos como ciudadanía en general, de promesas políticas fracasadas pero también de las precariedades cotidianas: que si en la casa no hay agua, que si el carro dejó de funcionar y no se consiguen repuestos, que si el Metro tiene fallas de nuevo, que si en la oficina no hay Internet, etcétera); y un segundo momento en torno a ser pacientes a esa frustración.

De los aprendizajes podríamos destacar que el vínculo de confianza tiene que anteceder, necesariamente, al vínculo de trabajo para que la acción conjunta pueda ser sostenible (y sabrosa). Con El Parasistema comprobamos que lo sensible es un terreno en el que podemos encontrarnos en la diferencia y profundizar en temas complejos, algo difícil desde el activismo dada su frontalidad. Pensamos El Parasistema como estrategia de encuentro y formación, un dispositivo ideal para explorar la resiliencia de forma innovadora, diferente y disruptiva. Es, también, un prototipo de conexión virtual que genera interacciones online-offline que se van alternando según las necesidades de lxs participantes.

Contextos

Nuestra práctica se desarrolla en y a partir del contexto social y político que vivimos día a día. En un contexto de opresión y violación masiva y sistemática de derechos humanos, en el que la política está hecha añicos, imaginamos otras formas de hacer política. Ante un Estado que nos ha sumido en un total desamparo, buscamos las maneras de darnos amparo lxs unxs a lxs otrxs. Lo hacemos desde el espacio público, sea físico o virtual. Es allí desde donde nos movilizamos y buscamos movilizar.

Hace años, una amiga y referente del Labo nos trajo una imagen que responde a esta pregunta: el submarino. Hay que ser como un submarino, que por momentos se mantiene en las profundidades (nuestro horizonte estratégico, nuestra teoría de cambio) pero cada tanto vuelve a la superficie (la coyuntura) para observar, escuchar y reflexionar.