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Contra un modelo ‘straight’ de enseñanza en artes

16.06.2022

por Rosario García Martínez

¿Qué metodologías y estructuras de enseñanza y aprendizaje del arte se sostienen hasta hoy en el ámbito académico? ¿Cuál es la relación entre saberes y prácticas en este universo? ¿Qué interacciones establecen la universidad y el mundo académico con el contexto social, político y cultural?

El objeto de este artículo es compartir algunas experiencias encontradas en el curso de una investigación que tiene por fin relevar en Latinoamérica la afirmación de una idea de institucionalidad crítica en el campo cultural, que ha pregonado —entre otras cosas— los cruces e hibridaciones entre formatos académicos y extra-académicos y la creación de programas y/o espacios de formación y discusión crítica alternativos a los de la educación superior formal en artes. Esta propuesta de una nueva manera de entender la experiencia de enseñanza y aprendizaje en artes viene ganando relevancia de manera sostenida en las instituciones y ámbitos culturales, y es interesante analizar su impacto en la formación de artistas y profesionales de la cultura.

Antes de empezar el recorrido, nos interesa proponer algunos interrogantes: ¿qué tipo de conocimientos promueven las universidades y cuáles, en contrapartida, desincentivan? ¿Qué metodologías y estructuras de enseñanza y aprendizaje del arte se sostienen hasta hoy en el ámbito académico? ¿Cuál es la relación entre saberes y prácticas en este universo? ¿Qué interacciones establecen la universidad y el mundo académico con el contexto social, político y cultural? ¿Cómo impacta el sistema universitario en las formas de regular las identidades, el cuerpo y el deseo? Y por último, ¿qué temáticas de investigación son validadas o promovidas por los espacios, consejos y academias de investigación?, ¿cuáles se postergan?

Tomaremos como punto de partida estas preguntas sobre la relación entre la universidad y otros ámbitos del saber en materia de arte y cultura, para realizar —a la luz de algunas ideas críticas— un breve recorrido por un grupo de experiencias latinoamericanas que cuestionan de diversas maneras el sistema formal de enseñanza en artes.

Lado V, Centro de Estudio y Documentación de TEOR/éTica. Foto: Daniela Morales Lisac. Cortesía: TEOR/éTica.

Hacia una revisión crítica del sistema universitario

El cuestionamiento del sistema educativo en artes puede ser puesto en diálogo con la revisión crítica del sistema universitario que ha tenido lugar de forma relativamente reciente y de manera internacional1. Efectivamente, en los últimos años, con mayor o menor grado de radicalidad, diferentes actores del campo cultural —grupos, organizaciones, movimientos e instituciones (universitarias, no universitarias e incluso anti-universitarias)— comenzaron a cuestionar y repensar el mundo académico y la Universidad frente a un panorama contemporáneo que en cada caso presenta distintas problemáticas.

Cabe analizar entonces la configuración de un mapa de movilizaciones en América Latina que, desde el año 2011, tiene por fin articular una respuesta en favor de una educación pública, universal y gratuita como derecho fundamental de las personas, acorde al artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Este reclamo se ha dado en contextos muy diversos y ha traído al primer plano también la discusión acerca del rol de la educación en la transformación social. Los casos chileno y argentino son quizás los más destacados para abordar.

En Argentina, las políticas de recortes al sector científico y universitario a nivel nacional —sobre todo desde 2017—, tuvieron como respuesta numerosos paros y movilizaciones que buscaban llamar la atención sobre medidas que afectan a los trabajadores y estudiantes de las universidades nacionales y a investigadores académicos de todo el país2. En Chile, la ola de protestas liderada por estudiantes de secundaria y universitarios, que comienza en 2011, se pronuncia en favor de la educación pública, de un mayor intervencionismo del Estado y en contra de las políticas de privatización características del sistema educativo de dicho país.

El caso chileno constituye el movimiento estudiantil más importante de los últimos tiempos en Sudamérica, y —hasta la irrupción del movimiento de masas de octubre-noviembre de 2019, que impugna el contrato socioeconómico por entero— el acontecimiento masivo más significativo en Chile desde la vuelta de la democracia en 19903. Agrupaciones como Cuadernos de Movilización o el Colectivo Universitario de Disidencia Sexual (CUDS) cobran especial impulso a partir de estos acontecimientos.

Cuadernos de Movilización funcionó como un dispositivo editorial que proponía pensar esta "crisis de lo común" a partir de la utilización del flujo de las marchas y los nodos urbanos que articulan las lógicas de circulación de la ciudad, como objeto de estudio y como territorio para sus ejercicios5. Por su parte, el Colectivo Universitario de Disidencia sexual (CUDS), que a principios de los 2000 ya se encontraba reflexionando críticamente sobre el sistema universitario y su impacto en las formas de organizar el conocimiento y de regular el cuerpo y el deseo, cobró especial impulso y visibilidad en el marco de las demandas de una enseñanza no sexista que atravesaron las protestas de 20116.

Participación de CUDS en la Marcha del Orgullo LGBT (2004). Fuente: Revista Punto de Fuga.

Felipe Rivas San Martín, miembro fundador del colectivo, explica el marco en el que se inserta su práctica disidente frente al sistema académico, y deja entrever una posición afirmativa del género y de la sexualidad como territorios de posicionamiento político:

«El problema viene con la cuestión de la “academia” y su configuración contemporánea como entidad fiscalizadora, reguladora y disciplinaria de un modelo de producción único y legítimo. Ese modo de producción de pensamiento está vinculado a un mercado del conocimiento que privilegia la utilidad capitalista y que ha venido estructurando la producción universitaria bajo rígidos formatos (...) Hay un modelo straight de producción académica, masculino y heterosexual en su forma, neoliberal en su marco, que estamos comenzando a resistir abiertamente desde modelos de reflexión crítica y disidente”7.

Hibridaciones del aprendizaje

En lo que refiere al campo específico de la educación artística, hay una variedad de casos que, de diversos modos, invitan a repensar la experiencia de enseñanza y aprendizaje en la Universidad. Proponemos agrupar dichas iniciativas de la siguiente forma: aquellas que, desde la Universidad o en colaboración con ella (en este caso, desde las instituciones culturales), generan cruces o rupturas metodológicas que involucran, entre otras cosas, un agenciamiento de los y las estudiantes en relación al propio proceso de aprendizaje; y aquellas que, por fuera de la Universidad, se erigen de forma más rupturista o contestataria contra el sistema académico en artes, proponiendo formatos alternativos.

Ambos casos nos llevan a pensar en la idea de que el futuro de la educación artística tiene más que ver con la hibridación de instituciones y, consecuentemente, de metodologías, o con la idea de salirse del “corsé academicista”8 para abrazar nuevas formas de conexión con el afuera de la Universidad, esto es, reconocer las nuevas necesidades del estudiantado en base a un contexto que exige nuevos tipos de inserción de los y las artistas o futuros trabajadores de la cultura. Como afirma el artista y docente universitario argentino Eduardo Molinari:

«(...) el contexto contemporáneo de producción, circulación y recepción de las prácticas artísticas se ha expandido (...) hay un sinnúmero de emprendimientos protagonizados por colectivos que unen a artistas con personas de otras áreas de formación y que también funcionan como “salidas laborales”: editoriales, radios comunitarias, espacios de exposición y formación, diseño de plataformas virtuales, trabajos junto a movimientos sociales, ambientales, etc. (...) es imprescindible que la Universidad pública pueda pensar en incorporar a sus programas de formación la dimensión de “arte en contexto” o de “prácticas artísticas públicas” que permitirían vincular a los estudiantes y graduados con dimensiones comunitarias o ligadas al universo empresarial, según las inclinaciones de cada egresado»9.

Su crítica se enfoca, sobre todo, en el aspecto endogámico de la formación e investigación en artes. Esta perspectiva se encuentra muy en línea con las reflexiones que dan inicio al programa ‘Proa Universidades’ en 2014, en Fundación Proa (Buenos Aires, Argentina). Comenzamos así la enumeración de casos que desde la Universidad o en conexión con ella, proponen experiencias alternativas en la enseñanza en artes.

‘Proa Universidades’ es un programa que propone generar una articulación entre ámbitos de estudio académico del arte en universidades nacionales y un mapa de espacios artísticos de la zona sur de la ciudad de Buenos Aires, dentro del cual Fundación Proa opera como principal núcleo de interacción. En contraposición con la endogamia que caracteriza en gran medida al ámbito universitario en Argentina, el programa favorece un proceso de apertura de la experiencia académica más allá de las aulas y una interacción que incorpora el trabajo creativo y colaborativo entre estudiantes y profesionales de museos y espacios culturales participantes. En este marco, se busca brindar un contexto de prueba e implementación práctica a los contenidos académicos.

Este cruce supone ya un desafío a la zona de aplicación predeterminada de los saberes que produce la Universidad, y una apertura a la dimensión histórica del presente. ¿Qué se está haciendo en esas galerías, museos y espacios culturales? ¿Alcanza o sirve el repertorio teórico de la Universidad para pensarlo? ¿Producen estas instituciones también un saber sobre sus prácticas y materiales? ¿Adónde va dirigido dicho saber? Uno de los objetivos de este trabajo articulado es que los espacios culturales participantes puedan reconocer al estudiantado como un público significativo y, a la vez, que dicho público se reposicione como agente activo, productor de contenidos y de debates críticos dentro de la institución artística. Así, el programa tiene por objetivo transformar el proceso educativo tradicional, posicionando a las instituciones y espacios de arte como territorios para el aprendizaje, la formación y la investigación, y como lugares posibles de ser apropiados y “activados” por los estudiantes en términos profesionales10.

En línea con esta idea de apropiación y participación activa de los estudiantes como diseñadores de su experiencia académica y de aprendizaje, cabe destacar el trabajo de Max Hernández Calvo, curador, investigador, crítico y docente en la Facultad de Arte y Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Perú. Él reflexiona sobre la posibilidad de “embargar la universidad” a partir de la capacidad que los estudiantes tienen para incidir en el sistema educativo tomando el control, aunque sea de forma parcial11. Se trata así de atentar contra el marco estrictamente regulado del sistema universitario, y de proponer una nueva experiencia, más comprometida con las necesidades específicas del estudiantado inserto en una trama social determinada.

Esta alteración al sistema, que toma de tres experiencias puntuales realizadas por estudiantes de dicha universidad, contra, con o en paralelo al sistema de enseñanza artística, introduce el componente de lo “desconocido” y de lo “incierto” como valores pedagógicos.

“Orientar la educación a lo desconocido requiere someter sus procesos a la interrogación (...), ponerlos en tensión con los protocolos que definen sus contenidos, sus métodos y sus objetivos para otros. Es decir, reclama abrir el proceso educativo a la intervención de sus sujetos: los y las estudiantes (...) Es ahí donde emergen los límites de estos embargos de poder”.

Retomando la idea de cruce entre Universidad y centros de arte, nuevamente en la Ciudad de Buenos Aires, el caso del Centro de Investigaciones Artísticas (CIA) se presenta como exponente significativo de una pedagogía experimental. Creado en 2008 y devenido Centro de Investigaciones Antifascistas (con la misma sigla) en 2019, el CIA —que ha dejado de funcionar— fue dirigido por el artista y sociólogo Roberto Jacoby, y mantuvo una articulación concreta con la Maestría de Estéticas Contemporáneas Latinoamericanas de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), mediante una dinámica en la que se han mezclado artistas y docentes de los respectivos staffs y permisos cruzados de asistencia a las actividades para los alumnos de uno u otro programa. Aquí, la Universidad rompe los muros de la Academia rígida para hibridarse con las dinámicas y propuestas artístico-pedagógicas de un centro de arte experimental.

Otro caso es el del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), dependiente de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que cuenta con el programa académico ‘Campus Expandido’. Creada en 2009, esta propuesta ha articulado al MUAC con las fortalezas académicas de los posgrados y centros de investigación de la UNAM, para convertirse en un programa académico interdisciplinario de investigación, producción, docencia y difusión de teoría crítica y arte contemporáneo. Por supuesto, en este caso, la cooperación y el armado de una zona intersticial se encuentran facilitados al estar el Museo bajo la órbita misma de la Universidad, como sucede en muchos otros casos de instituciones académicas que “contienen” museos dentro de su estructura. Sin embargo, también merece señalarse lo necesario de dicha ligazón.

En lo que refiere al grupo de experiencias que, por fuera de la universidad, se erigen de forma más rupturista o contestataria al sistema académico en artes, la Escola de Artes Visuais (EAV) de Parque Lage en Rio de Janeiro, fundada por Rubens Gerchman en 1975 como alternativa al Instituto de Bellas Artes, es probablemente uno de los antecedentes más destacados y se sostiene hasta hoy como referente en materia de formación artística alternativa. Con cursos teórico-prácticos y el ejercicio del pensamiento crítico, esta escuela originalmente supo poner en discusión el prevaleciente modelo de pintura de caballete y las estructuras academicistas. El espíritu contracultural y de reinvención constante de la propuesta educativa de la EAV —en pos del mantenimiento de un diálogo actual con una agenda social— se sostiene a lo largo de las sucesivas gestiones con la conciencia incesante de la responsabilidad pública de una escuela de Artes. Aquí la propuesta de educación alternativa funciona dentro de un centro cultural, reforzando esta idea de formatos híbridos que surgen en el cruce de perspectivas y de formatos institucionales. La idea de cuestionar de forma constante la instancia educativa en artes, redunda en un cuestionamiento a las estructuras academicistas, y también a la institucionalidad misma de un centro cultural.

De surgimiento más reciente, desde Nicaragua, el enfoque pedagógico del Espacio para la Investigación y Reflexión Artística (EspIRA) está orientado hacia el desarrollo de un proceso creativo anclado en las vivencias propias del artista y por fuera del campo artístico disciplinar, promulgando la construcción de lenguajes y la libertad de formas. Fundado por la artista y docente Patricia Belli, EspIRA emerge como plataforma de enseñanza paralela, en contra de un sistema de formación que ella percibió como obsoleto en su país, y que ha logrado un alcance notable en otros países de Centroamérica. Esta iniciativa desarrolla experiencias de formación alternativas a la tradicional Escuela de Bellas Artes, para dar respuesta al desarrollo de prácticas artísticas contemporáneas a las que el sistema académico y universitario dan la espalda en ese país. Propone un terreno para la formación y aprendizaje desde posiciones críticas y comprometidas con el presente, con una oferta de formación paralela por fuera de la universidad y ajena al enfoque tecnicista que prevalece en ese ámbito.

En diálogo con este espíritu, desde Costa Rica, el programa ‘Alter Academia’ de Teor/Ética promueve desde 2016 una serie de residencias artísticas que funcionan en el Lado V de esta institución. A través de conversaciones, talleres y diálogos con distintos públicos, el programa busca crear abordajes alternativos en torno a los procesos artísticos y explorar formas creativas de hacer y de trabajar, para arribar a nuevas posibilidades que vayan más allá de los modos tradicionales de construir y socializar el conocimiento. La experiencia “toma el arte como excusa para explorar procesos y entendimientos que trascienden los límites y maneras de hacer/generar de los aprendizajes y sistemas de conocimiento tradicional”.13

Las propuestas citadas (entre otras que no podemos detallar aquí), configuran una nueva manera de entender los procesos de aprendizaje y de producción de conocimiento en el mundo contemporáneo. Proponen o ponen en crisis cierta idea de institucionalidad, con sus metodologías y formas de pensar el aprendizaje en artes. Plantean, de forma más o menos directa, un nuevo concepto de institución artística y de Universidad. Ese concepto puede, según el caso, incorporar diferentes prácticas y torsiones, “mover de lugar” más al espacio de arte o a la academia, conservar en mayor o menor medida un lenguaje específico, pero en todos los casos aparece ligado en forma destacada a una demanda de mayor impacto e inserción social efectiva del arte y la pedagogía.